Cada 16 de noviembre se celebra el Día Internacional del Flamenco. La fecha no es simbólica ni se escogió por comodidad de calendario: es el aniversario exacto del día en que la UNESCO inscribió el flamenco en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Fue en 2010, y en 2026 se cumplen dieciséis años.
Lo que sigue son las cinco cosas que la gente busca cuando teclea esta fecha: de dónde sale el día, qué se declaró exactamente, por qué la declaración habla de Murcia y de Extremadura además de Andalucía, por qué el día tiene dos nombres, y qué se puede ver para celebrarlo.
El 16 de noviembre sale de una reunión de la UNESCO en Nairobi
El Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial celebró su quinta reunión en Nairobi, capital de Kenia, del 15 al 19 de noviembre de 2010, en el Kenyatta International Conference Centre. Allí se decidieron las inscripciones de aquel año, y el flamenco fue una de ellas: candidatura número 00363, presentada por España, aprobada mediante la decisión 5.COM 6.39.
La candidatura no partió de cero. España había ratificado en 2006 la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en vigor para el país desde el 25 de enero de 2007, y fue ese marco el que permitió presentar el expediente cuatro años después. Aquella semana en Nairobi el comité aprobó 46 nuevas inscripciones en la Lista Representativa, y el flamenco no fue la única causa española: en la misma reunión entraron también el Cant de la Sibil·la de Mallorca y los Castells, las torres humanas catalanas. Cada una se sostiene con su propio expediente y su propia comunidad, pero las tres que presentó España en solitario llegaron a la lista la misma semana.
De ahí, y de ningún otro sitio, sale el 16 de noviembre.
Conviene subrayar una diferencia con el resto del calendario flamenco. Las ferias, la Semana Santa y los festivales se mueven cada año, y sus fechas hay que comprobarlas antes de fiarse de ninguna. Esta no se mueve nunca. Es siempre el 16 de noviembre, caiga en el día de la semana que caiga; en 2026 cae en lunes.
Lo que se inscribió no fue una música: fueron el cante, el baile y el toque
Es la parte que peor se resume. La ficha de la UNESCO no describe un género musical: define el flamenco como una expresión artística que fusiona la música vocal, el arte de la danza y el acompañamiento musical, llamados respectivamente cante, baile y toque. Tres cosas, y ninguna es el adorno de las otras dos.
La descripción con la que la UNESCO define el elemento en su ficha —y el vídeo de diez minutos que acompañó a la candidatura, producido en 2009 por la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco— los publicamos en su día, y siguen ahí: El vídeo para ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Si lo que buscas es más atrás —los palos, la historia, los nombres—, está en la Guía esencial para conocer el flamenco.
Aquí interesa otra cosa: qué tuvo que demostrarse para que la inscripción saliera adelante. El comité dio por cumplidas cinco condiciones, y la primera es la que mejor explica qué se está protegiendo: que el flamenco «está fuertemente arraigado en su comunidad, refuerza su identidad cultural y se sigue transmitiendo de una generación a la siguiente». Lo que entró en la lista no es, por tanto, un repertorio cerrado ni una reliquia. Es una transmisión que continúa, y ese fue el argumento.
Esa transmisión no ocurre en abstracto: la candidatura la sitúa en las dinastías de artistas, las familias, las peñas flamencas y las agrupaciones sociales, que son quienes de verdad deciden si el arte sigue vivo de una generación a la siguiente.
La propia candidatura describe además cada elemento por separado. El cante lo interpreta, casi siempre en solitario y sentado, un hombre o una mujer, y expresa penas, alegrías, tragedia, regocijo o temor con una letra concisa y directa. El baile es una danza de la pasión y la seducción, con una técnica que cambia según quién lo ejecute: el hombre recurre sobre todo a la fuerza de los pies, la mujer a un repertorio de movimiento más sensual. El toque de la guitarra flamenca, dice el propio expediente, hace tiempo que superó su función primitiva de acompañar al cante, aunque también se apoya en las palmas, el taconeo y, a veces, las castañuelas.
Las otras condiciones miraban más allá del propio arte. La segunda, que la inscripción sirviera de algo fuera del flamenco: dar a conocer el patrimonio inmaterial en general y fomentar la creatividad y el respeto entre comunidades. La tercera, que hubiera un plan para protegerlo, con medidas ya en marcha o previstas en las que trabajaran juntos gobiernos regionales, instituciones, ONG, los propios flamencos y particulares. Y la cuarta, que la candidatura la quisieran los propios artistas y aficionados, sabiendo lo que se pedía y de acuerdo con ello, y no que se decidiera por encima de ellos. El Instituto Andaluz del Flamenco, coautor del expediente, lo resumió con una frase que ha quedado como divisa: «El flamenco es el Guadalquivir de la cultura andaluza, que nos identifica dentro y fuera de nuestras fronteras».
La declaración nombra a Murcia y a Extremadura, y no es un detalle de cortesía
La ficha sitúa Andalucía como la cuna del flamenco y añade que también tiene raíces en regiones como Murcia y Extremadura. Mucha gente lee esa frase como una cortesía territorial. No lo es, y hay una manera de comprobarlo: la quinta condición.
Para entrar en la Lista Representativa no basta con que un bien sea importante; tiene que figurar ya en un inventario oficial del país que lo presenta. Y la quinta condición de esta candidatura se cumplió así, literalmente: «El flamenco está inscrito en el Registro General de Bienes Culturales de la Región de Murcia, establecido por la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia».
Este requisito no es un capricho de la ficha del flamenco: lo exige la propia Convención de 2003 para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, el tratado que crea la propia Lista Representativa. Su artículo 12 obliga a cada Estado parte a elaborar inventarios de su patrimonio inmaterial, y la quinta condición traduce esa obligación en un requisito de candidatura: rellenar la sección quinta del formulario citando el inventario en el que el elemento ya figura. Sin esa casilla cumplimentada, el expediente ni siquiera se estudia. El sistema tiene hoy, además, un techo estricto: desde 2022 el Comité no admite más de sesenta expedientes al año, repartidos entre sus cuatro mecanismos —la Lista Representativa, la de salvaguardia urgente, el registro de buenas prácticas y la asistencia internacional—. Ese límite no existía en 2010, cuando se inscribió el flamenco. El mismo tratado explica también por qué se exigía la cuarta condición, la del acuerdo de los propios flamencos: su artículo 11 obliga a identificar y definir cada elemento «con la participación de las comunidades, los grupos y las organizaciones no gubernamentales pertinentes», así que el consentimiento libre, previo e informado no era una cortesía diplomática, sino una obligación del propio convenio.
Es decir: el inventario que la decisión de la UNESCO da por bueno para cumplir ese requisito es el de Murcia. La misma ficha subraya además que el flamenco es seña de identidad de numerosas comunidades y grupos, y en particular de la comunidad gitana, que ha desempeñado un papel esencial en su desarrollo.
«Día del Flamenco en Andalucía» y «Día Internacional del Flamenco» son el mismo día
Sobre esa misma fecha, la Junta de Andalucía instituyó al año siguiente de la declaración el Día del Flamenco en Andalucía, que es el nombre oficial de la efeméride allí y que sigue figurando entre sus programas de flamenco. Fuera de Andalucía se ha ido popularizando como Día Internacional del Flamenco. Son el mismo día y conmemoran exactamente lo mismo: cambia quién lo nombra, no lo que se celebra.
La propia Junta lo recuerda en su web institucional con la fecha por delante: el flamenco fue incluido por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el 16 de noviembre de 2010.
Desde aquel primer aniversario, la fecha se conmemora también con actividades abiertas al público: conferencias, exposiciones, conciertos y espectáculos que se organizan cada 16 de noviembre en distintos puntos de Andalucía y fuera de ella.
Esa salvaguardia tiene desde 2023 marco legal propio. La Ley 4/2023, de 18 de abril, Andaluza del Flamenco establece el régimen jurídico del flamenco en la comunidad para su protección, conservación y fomento, crea el Registro Andaluz del Flamenco y, en sus disposiciones adicionales, fija formalmente el propio Día del Flamenco como una de sus figuras.
Qué ver el 16 de noviembre: los tres elementos, capítulo a capítulo
Hay una manera de celebrar la fecha que sigue la declaración al pie de la letra: ver el cante, el baile y el toque por separado. Cavilaciones, la serie documental dirigida por Pilar Távora, dedica un capítulo a cada uno.
El cante. «La Voz del Pueblo» (1995, 55 min) recorre la historia del arte flamenco centrándose en el cante como expresión popular, con Chocolate, José de la Tomasa, El Mimbre y Carmen Linares, las guitarras de Juan Habichuela y Paco Cortés, y las intervenciones de poetas y flamencólogos. La segunda parte (1995, 1 h 2 min) suma a Enrique Morente, José Mercé, José Menese, Chano Lobato y un joven Miguel Poveda.

El baile. «El lenguaje del cuerpo. El Baile. Parte 1» (1995, 1 h) toma el baile como herramienta de expresión del cuerpo, con Milagros Mengíbar, Carmen Ledesma, Carmen Cortés, Diego de Margara y Triana Pura. La Parte 2 (1995, 1 h 1 min) reúne a La Farruca, Concha Vargas y María del Mar Berlanga, con Chano Lobato al cante.
El toque. «Rasgando el aire» (1995, 1 h 1 min) está dedicado a la sonanta, con Vicente Amigo, Gerardo Núñez, Gerónimo Maya, Quique Paredes y J. Manuel Cano, y con la Orquesta Andalusí de Tetuán sumando el color de la música magrebí a la guitarra flamenca.

Y hay un cuarto capítulo que cierra el cuadro. La ficha de la UNESCO menciona que el flamenco se interpreta con motivo de festividades religiosas, rituales y fiestas: de eso trata «En el ritual» (1996, 1 h 2 min), sobre el papel del flamenco en las fiestas andaluzas, la Semana Santa incluida.

Para las dos regiones que la declaración cita junto a Andalucía, el catálogo tiene material propio. De Extremadura, «El flamenco de Badajoz» (2020, 1 h) cuenta la historia, los cantes y las raíces del flamenco de la provincia contados por sus protagonistas, con Remedios Amaya, Francisco Escudero «El Perrete» y Antonio Silva «El Peregrino» entre otros. Y del Levante minero, «Matías López “El Mati” por mineras» (2020, 7 min) es el cante con el que se alzó con la Lámpara Minera de 2019, acompañado por David Caro a la guitarra y Javier Rabadán a la percusión.
Todo lo anterior está completo en el catálogo de ALL FLAMENCO, y ahí hay bastante más de lo que cabe en un día.




