Historia del baile flamenco: de dónde viene y quién lo baila

3 de noviembre de 2025

Dónde y cuándo nace el baile flamenco, qué culturas lo formaron, en qué siglo se convirtió en profesión y qué bailaoras y bailaores se pueden ver enteros en el catálogo de ALL FLAMENCO.
Claudia la Debla, con pantalón, en el remate de una seguiriya

El baile flamenco no tiene fecha de nacimiento. Tiene un sitio —Andalucía— y un plazo largo: entre los siglos XV y XVIII se juntaron allí varias maneras de cantar, de tocar y de moverse que todavía no eran flamencas, y de aquella mezcla salió esto. Nadie lo inventó una tarde.

Lo que sigue cuenta esa historia en orden: dónde empieza, qué culturas le dieron el cuerpo, en qué momento dejó de ser cosa de casa para convertirse en un oficio, quiénes lo llevaron al teatro y quiénes lo bailan hoy. Con una diferencia respecto a lo que se lee en una enciclopedia: el último tramo de esta historia está grabado entero, y se puede ver.

Dónde y cuándo nace el baile flamenco

Andalucía, entre los siglos XV y XVIII. El marco es ancho a propósito, porque no hubo una fundación: hubo una convergencia. Durante trescientos años convivieron en el sur tradiciones gitanas, moriscas y árabes, castellanas, africanas y judías, y ninguna de ellas produjo por su cuenta lo que hoy llamamos flamenco.

Dos rasgos de aquel origen explican casi todo lo que vino después. El primero: el cante fue antes que el baile. El cuerpo no llegó a poner una coreografía encima de una música, llegó a responder a un lamento, y esa relación —bailar a alguien que canta, no con un acompañamiento— sigue siendo la columna del oficio. El segundo: creció de puertas adentro, en patios, en cuevas y en reuniones de familia, improvisado y para poca gente. Cuando por fin subió a un escenario, ya venía hecho.

Por eso la pregunta «¿quién inventó el baile flamenco?» no tiene respuesta y la pregunta «¿de qué está hecho?» sí. Si se quiere empezar por ahí, la guía completa de los palos flamencos lo desmonta pieza a pieza.

Las culturas que le dieron el cuerpo

La palabra que se usa siempre es «mestizaje», y de tanto usarla ha dejado de decir nada. Conviene concretar qué aportó cada corriente, aunque sea a grandes rasgos, porque se sigue notando cuando alguien baila.

Del mundo árabe y morisco viene la expresividad y una riqueza rítmica que el cuerpo acaba imitando de la voz. De la tradición gitana, el carácter visceral y la forma de transmitirlo: de familia a familia, sin escuela y sin papel. De la música africana, el ritmo complejo y la percusión corporal. Y del folclore castellano y andaluz, pasos y estructuras coreográficas de las que salen palos enteros: las sevillanas son el caso más claro, y por eso siguen siendo lo primero que aprende casi todo el mundo —está contado en cómo bailar sevillanas—.

Todo esto se transmitió de oído y de vista durante siglos, sin una sola partitura, y sólo se consolidó como algo reconocible a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Un arte que no se escribió nunca es un arte que sólo existe mientras alguien lo hace delante de otro. Ésa es, de fondo, la razón por la que grabarlo importa.

Los cafés cantantes: el siglo en que bailar se hizo oficio

El siglo XIX es la bisagra, y es donde aparecen las primeras apariciones documentadas. Los cafés cantantes —locales donde se pagaba por ver y oír flamenco— convirtieron una práctica doméstica en un trabajo. En cuanto alguien cobra por bailar cambia todo: aparece un repertorio, aparece la competencia y aparece la figura de la bailaora profesional.

Ahí están los primeros nombres que la historia retuvo, Juana la Macarrona y Pastora Imperio, y ahí se fijan formas que todavía hoy se reconocen a la primera: la farruca, el zapateado, las bulerías y las alegrías.

De esas cuatro, las bulerías son la que mejor explica la mecánica del flamenco entero, porque en ellas se ven a la vez el compás, la improvisación y la fiesta; la guía completa del baile por bulerías las desarrolla con su compás y sus figuras.

Del tablao al teatro: lo que cambió en el siglo XX

En el siglo XX el baile flamenco hizo dos cosas a la vez: se profesionalizó del todo y se fue de gira. Se montaron compañías, se coreografiaron espectáculos, se pisaron teatros y se salió de España, y el teatro y el cine hicieron el resto. Con eso llegó un problema que antes no existía: cómo se sostiene durante hora y media, delante de mil personas, algo que nació para durar lo que dura un cante en una habitación. La respuesta fue la escuela: por primera vez hubo método y hubo dónde aprender.

Los nombres que resolvieron esa pregunta son cuatro: Vicente Escudero, Antonio Gades, Carmen Amaya y Antonio el Bailarín.

De Carmen Amaya hay aquí una historia entera —la de una bailaora que salió de una barraca y acabó en Hollywood—, contada en su biografía y en todo lo que hay de ella en ALL FLAMENCO.

Los nombres que hay que conocer

A partir de ahí la lista se alarga, así que va ordenada por lo que cada uno aporta y no por antigüedad.

Del lado de la escuela y la pureza, Matilde Coral, Manuela Carrasco y La Chana. Del lado de la herencia familiar, Farruquito. Y del lado del que rompe, Rocío Molina, que es donde el baile flamenco se cruza con la danza contemporánea y deja de parecerse a sí mismo sin dejar de serlo.

Y en el siglo XXI, la generación que llena hoy los festivales y que está grabada en este catálogo: Eduardo Guerrero, Rafaela Carrasco, Belén López y Fuensanta La Moneta, más Sara Calero, Macarena Ramírez, Concha Jareño y Marcos Flores.

Eduardo Guerrero bailando junto a Encarna Anillo cantando, en «Poema 15», dentro de «Las Puertas de Gades»
Eduardo Guerrero bailando y Encarna Anillo cantando, en «Poema 15». Fotograma de «Eduardo Guerrero al baile. “Poema 15” en la voz de Encarna Anillo. “Las Puertas de Gades”». © ALL FLAMENCO

Qué se baila: cada palo le pide otra cosa al cuerpo

No hay «un» baile flamenco. Hay cuatro maneras de plantearlo y tantos bailes como palos, y ésta es la parte que peor se explica por escrito y mejor se entiende viendo dos seguidos.

Las cuatro maneras: el tradicional o clásico, contenido y fiel a las formas antiguas; el escénico, con dramaturgia, vestuario y compañía; el experimental, que rompe la estructura a propósito; y el festero, que vive de la improvisación y del ambiente —bulerías, tangos—.

Y los palos, que mandan sobre el cuerpo antes que cualquier coreografía. Las bulerías son rápidas y se improvisan. Las alegrías son luminosas y llevan un aire de Cádiz que no tiene ningún otro palo. La soleá es lenta, honda y va hacia dentro. La seguiriya es la más severa de todas. Y la farruca es el palo del zapateado, el que se bailó tradicionalmente en solitario y con la fuerza puesta en los pies: se ve en un minuto en Macarena Ramírez por farruca.

Cambiar de palo no es cambiar el paso: la soleá pide el cuerpo cerrado y el peso hacia el suelo; la seguiriya, los brazos altos y el gesto contenido; la farruca, la fuerza entera puesta en los pies; y la bulería, el cuerpo abierto y la mirada puesta en quien está alrededor. Por eso una misma bailaora cambia de figura entera según el palo que baila, sin cambiar de técnica.

De la seguiriya bailada hay aquí un ejemplo joven y muy claro: Claudia la Debla, granadina, en la Noche de Baile en el Parque del festival La Isla Ciudad Flamenca, y en su recital de baile en una peña. Las dos cosas son la misma bailaora en dos formatos distintos, que es exactamente de lo que va este apartado.

Dónde ver hoy baile flamenco completo, y no fragmentos

El 16 de noviembre de 2010, en Nairobi, la UNESCO inscribió el flamenco en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Eso no cambió cómo se baila: cambió quién mira. Hoy hay academias, compañías y público de flamenco en sitios donde hace cincuenta años no había ninguno —de Tokio a Nueva York y de París a Buenos Aires—, y el caso japonés es tan grande que tiene artículo propio.

Y cambió también dónde se puede ver. El catálogo de ALL FLAMENCO reúne una amplia colección de flamenco grabado, y del baile hay cinco espectáculos completos, no fragmentos:

Y si lo que interesa es la escuela bolera y las castañuelas, que es la otra mitad de esta historia, está «3DEUNO», de Emilio Ochando y compañía.

Para verlo entero hace falta darse de alta.

Lo esencial sobre el origen del baile flamenco

¿Dónde y cuándo nació el baile flamenco?

En Andalucía, entre los siglos XV y XVIII, del cruce de tradiciones gitanas, árabes y moriscas, castellanas, africanas y judías. No hay fecha de fundación: hubo una convergencia lenta. Nació ligado al cante y en ámbitos privados —patios, cuevas, reuniones de familia—, y sólo se consolidó como algo reconocible a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

¿Cuándo se convirtió en profesión?

En el siglo XIX, con los cafés cantantes, que fueron los primeros sitios donde se pagaba por ver bailar. La profesionalización se completó en el siglo XX con las compañías, los teatros y las giras internacionales, y ahí fueron decisivos Vicente Escudero, Antonio Gades, Carmen Amaya y Antonio el Bailarín.

¿Qué estilos de baile flamenco existen?

Cuatro maneras de plantearlo —tradicional, escénico, experimental y festero— y tantos bailes como palos. Los más reconocibles son las bulerías (rápidas y festeras), las alegrías (luminosas), la soleá (lenta y honda), la seguiriya (la más severa) y la farruca (la del zapateado).

¿Dónde se puede ver buen baile flamenco hoy?

En los festivales —el de Jerez y la Bienal de Sevilla son las dos citas grandes— y en los tablaos de Madrid y Andalucía. Y grabado, en el catálogo de ALL FLAMENCO, con espectáculos de baile completos, en español, inglés y japonés.

Dónde verlo en ALL FLAMENCO