Origen de las peñas flamencas
Las peñas flamencas son lugares de culto a este arte pero no siempre fueron así, te contamos aquí la evolución de estos rincones tan entrañables como pecualiares

Antes de que nacieran las peñas flamencas tal y como las conocemos hoy en día, los aficionados se reunían en las casas o tabernas y también en fiestas privadas que llamaban reunión de cabales.
Los aficionados más adinerados invitaban a los artistas a sus casas, y los que no se podían permitir ese lujo iban a las tabernas, no solo a escuchar y disfrutar de los artistas de renombre, sino también para ver a aficionados que durante el día trabajaban en sus oficios y por la noche echaban sus ratos cantando. Esto siempre se ha denominado como la afición.
¿Cuándo surgen las peñas flamencas?
Durante la Segunda República algunos centros culturales andaluces solían programar recitales de artistas. Ya en 1930 en Sevilla estaba abierto el Centro Cultural Macarena. En ese centro cultural actuaron cantaores sevillanos como El Carbonerillo, Antonio el Sevillano o Manolo Fregenal, entre otros, acompañados a la guitarra por Antonio Peana. Además, aprovechaban este espacio para reunirse sobre todo los aficionados y hablar de cante.
Tras la Guerra Civil española de 1936, los espectáculos de ópera flamenca seguían activos por todo el país.
Historia de las peñas
A partir de los años 50 se creó una nueva flamencología con los concursos nacionales, el apoyo de los medios de comunicación social y, por último, las peñas. Aunque vistas en un principio como lugares sencillos donde reunirse para disfrutar del cante flamenco, se convirtieron en lugares de culto donde tenían cabida concursos, semanas de estudio, conferencias y tertulias. Era el inicio de una nueva época del flamenco.
Las peñas flamencas más importantes del momento eran Torres Macarena, en Sevilla y el Pozo de las Penas en Los Palacios y Villafranca. Estas dos hicieron el trabajo de concienciar a los aficionados y profesionales de la importancia de tener una organización para cumplir la función de dignificar el flamenco. De esto modo, querían poder cambiar un poco las cosas para que arte del flamenco no acabara siendo solo un reclamo turístico para tablaos y música de discoteca.
Así nacieron más peñas flamencas en la capital y en los pueblos. Desde entonces forman un colectivo de miles de personas solo en la provincia de Sevilla, un fenómeno que ocurre nada más que en esta música, el flamenco.
Peñas flamencas, un lugar de convivencia
Las peñas flamencas se definen como centros culturales de convivencia. Cuando surgieron las peñas, no recibían ningún tipo de subvenciones y todo lo hacían con las cuotas de los socios. Ahora el Estado les concede ayudas para que puedan seguir desarrollando esta forma de promover y hacer cultura.
Además de apoyar la cultura flamenca, ofrecen la oportunidad a los jóvenes que quieren dedicarse a la profesión, adquiriendo una experiencia muy valiosa de cara al público local antes de tomar el vuelo a la escena internacional. Existen casi 400 peñas federadas sólo en Andalucía.
La decoración de las peñas
La decoración es un denominador común. Algo que no suele faltar en un tablao son las típicas sillas de respaldo alto andaluz dispuestas alrededor de mesas decoradas con colores alegres o motivos toreros y mantones.
Normalmente en las paredes hay colgados trofeos, fotos de los artistas, pinturas y carteles.
Una peña no existe sin artistas. Grandes del flamenco como Camarón de la Isla o Enrique Morente empezaron en ellas y cantaron durante años en sitios como éstos.
Peñas flamencas en el mundo entero
La mayoría de las peñas se encuentran en Andalucía, pero también hay peñas en el extranjero.
Según el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco, las peñas internacionales no llegan ni a un 10% del total de las registradas y un tercio está en Francia. También hay en Bélgica, Alemania o Estados Unidos. En Japón hay algunas, como la Peña Flamenca de Tokio, a imagen y semejanza de las más clásicas, y la Peña Flamenca Casa Gloria de Osaka.
En España existen peñas en comunidades como Cataluña, País Vasco o Madrid donde algunos aficionados intentan alejarse de la típica peña. El flamenco tiene amantes en el mundo entero. Gracias a las peñas el flamenco sigue creciendo y teniendo más adeptos.